Rara vez confundo la fe con lo que siento,
pasos a traspié de la mediocridad urbana.
Ejidos constantes de tantos momentos.
Despierto y el sol no es más que un foco in situ en el cuarto ambulante de mis afectos,
la luz varía con cada mujer que se poza complaciente sobre la almohada.
Y se desnuda a merced de sus propios pretextos.
Todo fluye en el nexo constante de la alquimia intratable de mi propio juego.
Escribo y me inundo entre tantos recuerdos ciertos que jamás traicionan mis sueños.
La sal, permeable al roce casual de las sabanas siempre se vuelve silencio.
Porque he aprendido, a ser un escribiente cómplice y sincero.
Boca que besa las bocas sensatas…
Muerde y morderá el
anzuelo primero.
Y como un pez me sumerjo en los mares que desangran
Y como un pez me sumerjo en los mares que desangran
porque me sobran agallas para no ser un simple señuelo.
Boca que besa las bocas sensatas…
Muerde y morderá el
anzuelo primero.
Busco en la esencia de la piel aforismos de mi calma.
Rara vez confundo mi sed con los sentimientos.
Rara vez confundo mi sed con los sentimientos.
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