Cuando me faltan las palabras
el silencio es mi único primogénito directo.
Conlleva en sí, un poco de incertidumbre
cotidiana.
Se abraza fuerte a la fe sesuda de lo que casi
siempre siento.
Y solo dejo que él mismo sea libre de la dicción
auscultada,
en su mutismo latente me expreso.
Cuando me faltan las palabras,
solo indago en los buenos consejos.
Escucho voces que me hablan,
que se expresan fuertes y me rescatan…
De esos largos autismos en los que me sumerjo.
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