Mendigo del aire, mendigos del piso, mendigos de almas.
¡Mendigos… mendigos!
Tanta gente necesita una palabra, un abrazo, un susurro
al oído.
Y este mundo sigue creando indigencias tan mundanas.
Gira y escupe superhéroes llenos de confites, de hastíos.
Las monedas son simples excusas cotidianas
para grandes emporios que rebalsan sus bolsillos,
tanta pobreza acumulada en sus almas rentadas.
La humildad nunca será un derecho adquirido.
Y se mofan del que pide una mano, del que necesita un
abrigo,
de los que duermen en las calles, de los que viven
distinto.
¡Pobres sus almas grises, mendigaran amor, obtendrán castigos!
El amor al prójimo no se compra, no se negocia.
Ser pobre, no dista de como uno va vestido.
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